“Estas esculturas son testimonio de la arquitectura interna formada durante el crecimiento del árbol y de la fuerza que el tiempo ejerció sobre la materia.”
“C”
Esta forma no fue impuesta: fue revelada.
Cada pliegue, cada curva, ya habitaba en la madera mucho antes de cualquier intervención. Solo hacía falta tiempo, manos, y escucha.
“C” nace del gesto de acompañar, no de transformar. Es el resultado de años de trabajo manual, paciente, siguiendo el ritmo interno de la materia. No hay atajos. Solo la voluntad de no apresurar lo que aún no está listo para mostrarse.
Durante todo ese tiempo, mis manos no buscaron crear, sino entender. Siguiendo el flujo del xilema (el lugar donde el árbol guarda su memoria) fui desentrañando su historia. Lo que ahora se muestra es un testimonio, no una invención.
Cada surco contiene compromiso. Cada relieve, adaptación. Cada pliegue, el eco de una resistencia.
“C” es la forma del tiempo cuando se respeta.
La forma del esfuerzo cuando no necesita testigos.
La forma de lo que, aún herido, decide seguir.
“C” - Pino negro, 1,05 × 1,05 × 0,70 m · 35 kg. Técnica: Incisión, limpieza del xilema secundario, raspado y encerado.
“H”
Marca un punto de inflexión en el proyecto.
Es la primera pieza en la que decido conservar el contraste entre la materia intervenida y la superficie modelada por los procesos ambientales. El viento, la helada y la erosión ya habían trabajado esta madera durante años. Mi intervención no intenta corregir ese estado, sino dialogar con él.
El trazo aparece siguiendo la dirección interna del xilema, respetando su estructura, pero dejando visible el límite entre lo que creó el árbol, la naturaleza intervino y lo que yo acompaño.
Aquí la escultura no sustituye al fragmento: lo completa.
“H” es la aceptación de que el tiempo no necesita ser borrado para que la forma emerja.
“H” - Pino negro, 45 × 75 × 60 cm · 14 kg. Técnica: Incisión, limpieza del dilema secundario, raspado y encerado.