“CHRONOX no tiene una meta final definida.”
Los fragmentos de madera que recupero en alta montaña no son materiales en espera de una utilidad futura. Son estructuras formadas durante décadas bajo condiciones específicas de crecimiento, adaptación y desgaste.
Mi trabajo consiste en recuperarlas y dedicar años a observar aquello que fue creado lentamente.
Cada intervención es mínima. No busco corregir, completar ni transformar la materia. Trabajo sobre ella para hacer visibles relaciones, tensiones y registros que permanecían ocultos en su interior.
Con el tiempo comprendí que CHRONOX no trata únicamente sobre árboles.
Trata sobre la distancia que existe entre los procesos naturales y la velocidad con la que solemos relacionarnos con el mundo.
Un árbol puede necesitar más de un siglo para desarrollar una arquitectura que apenas observamos durante unos segundos. Sin embargo, gran parte de su historia permanece inscrita en la materia mucho después de su caída.
Este proyecto parte de esa evidencia para plantear una cuestión más amplia: qué valor otorgamos a aquello cuya construcción requiere más tiempo del que somos capaces de percibir.
Cada pieza es el resultado de la convergencia entre crecimiento biológico, transformación ambiental y acción humana. Ninguno de estos elementos puede explicarla por sí solo.
Por eso CHRONOX no tiene una meta final definida. Es una investigación en curso sobre el tiempo, la materia y la intervención humana; sobre las huellas que dejan cuando permanecen en relación durante el tiempo suficiente.